Sencillo. Tierno. Delicioso

noviembre 29, 2011

Algunas mañanas, de camino al colegio -un sencillo edificio de cuatro plantas en una transitada calle de barrio-, hacíamos un alto en la panadería de al lado. Todo colegio que se precie, incluso los pequeños, tiene su panadería de referencia -aunque ahora haya que hablar de chino de referencia-. En cualquier caso, entonces, los que no llevábamos bocata ese día por descuido o hastío de nuestra sufrida madre, nos encontrábamos con nuestros cinco duros en el modesto y fragante local, alumbrado por una pobre bombilla. O, al menos, así lo recuerdo.

El almuerzo para el recreo solía consistir en un donuts -las panteras rosas, bucaneros, bonys y demás zarandajas eran una excepción propia de, como mucho, el fin de semana-, que la panadera colocaba con diligencia en un modesto papel marrón doblado al que, simplemente, retorcía sus esquinas. Ya podías tener cuidado para que no se saliera por los lados de tan escueto envoltorio.

El olor del dulce en la cajonera te acompañaba toda la mañana mientras el calor y el azúcar impregnaban el papel, dejando un perfecto círculo pegajoso en el lugar en el que se apoyaba. Y qué gusto dar furtivos pellizquitos a la suave masa cuando la seño explicaba de espaldas a la clase en la pizarra.

Sencillo. Tierno. Delicioso.

Elly MacKay (c) He knew they would agree

Elly MacKay (c) Oh where will you travel to

Elly MacKay (c) He marked the day

Exactamente igual que el trabajo de Elly MacKay. Esta ilustradora canadiense realiza composiciones a pequeña escala, empleando capas de papel colocadas en diversos planos que ilumina y, posteriormente, fotografía. Así, dota a estos “teatros” de una atmósfera característica en la que desarrolla temas relacionados con la infancia, con el paso del tiempo y con lo efímero consiguiendo un adorable toque vintage.

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Mary Alayne Thomas

marzo 31, 2011

Años después (muchos años después, en realidad) sigo teniendo contacto e incluso amistad con unos cuantos de los profesores que me dieron clase en la universidad. De algunos guardo mejor recuerdo que de otros y nos hemos reído más de una vez comentándolo. Uno de ellos, y no era de los peores, hasta me pidió disculpas medio en broma por aquellas clases que, insisto, no eran tan malas. Ahora ves las cosas con otra perspectiva y conceptos que no entendías o no te interesaban, te resultan atractivos. Siempre he pensado que se es muy joven cuando se empieza la universidad. 

De ese primer año, recuerdo las clases de Estética, en las que retomé muchos conceptos de Arte y tomé contacto con la Fotografía. Creo que era una de las pocas, entre aquel centenar de zoquetes que abarrotábamos el aula, que prestaba auténtica atención y recibía con entusiasmo cada una de las diapositivas que nos enseñaba el profesor Sánchez.

Además de oir hablar por primera vez de Niepce y de El acorazado Potemkin (“quien no la vea esta noche, que no aparezca por clase mañana”; así eran las cosas entonces), descubrí a Alphonse Mucha. Ese curso, en mis clases de diseño (estaba pluriempleada, pero eso es otra historia) no paré de dibujar motivos vegetales, elementos decorativos curvos y poner toques dorados en todo. Sus mujeres de larga cabellera ondulada llena de flores y sus atuendos vaporosos, me maravillaban.

 Mary Alayne Thomas (c) Wish.

Mary Alayne Thomas (c) Junco and flax seeds.

Mary Alayne Thomas (c) Falling stars.

El trabajo de Mary Alayne Thomas me ha recordado todo eso. Es una artista norteamericana que utiliza como base de su trabajo la acuarela. Esta técnica, por sí sola, puede ofrecer colores delicados, luminosos e incluso transparentes. Ella, además, utiliza pan de oro, tinta, lápices y estaño. Recubre la escena con cera de abejas combinada con resina lo que produce una sensación como de color encerrado entre capas brillantes y transparentes. Todo ello da como resultado imágenes con relieve que parecen esmaltes y recuerdan a vidrieras. Es frágil y mágico.

Lo he visto en Lark & Key y me ha hecho echar de menos no haber estudiado Arte…

Duy Huynh

febrero 18, 2011

Hubo un tiempo en el que dibujaba. Primero con lápiz y papel, así, cosas de andar por casa. Luego me lo tomé un poco más en serio. Lo suficiente para pasarme un año con una de esas enormes carpetas que llevaban todo el día a cuestas los estudiantes de Bellas Artes o Arquitectura o Diseño. Digo llevaban porque ya no las veo. Y entonces no se me veía a mí, encajada detrás de aquello. Una cabecita y unos pies detrás de un gran rectángulo, como en un esquema de El Principito.

Será por eso que admiro profundamente a los dibujantes, a los que son capaces de usar un lápiz para sacar sobre un papel todo un mundo interior.

Duy Huynh (se pronuncia yee wun) es un artista vietnamita que empezó a utilizar el dibujo como medio de comunicación e integración con otros niños cuando se trasladó a Estados Unidos. Tras acabar sus estudios, comenzó a realizar murales y a colaborar con otros artistas. En 2008 fundó junto a Sandy Snead la maravillosa Lark & Key Gallery que es fuente de inspiración y donde se puede encontrar la obra de artistas como el propio autor, joyería, cerámica y other stuff. Y además (esto va a ser mi perdición) tienen tienda on line.

Duy Huynh nos propone un universo particular, de ensueño, en el que las figuras levitan y se elevan movidas por el viento. En todas sus ilustraciones hay una presencia muy importante de la naturaleza. Su paleta de colores es la del otoño y la suya es una primavera apagada, serena, casi siempre nocturna. Las parejas se dedican gestos dulces en un ambiente surrealista donde el paisaje, a menudo, aparece difuminado. Mariposas, alas, pajaritas de papel, globos, los acompañan y los separan del suelo mientras que los relojes recuerdan el paso del tiempo.

Duy Huynh (c) De arriba a abajo: 1.- de su serie La magia (2004) 2.- Starcatcher (2004) 3.- El solo (2004)

Los que saben más le ven influencia de Magritte y de Chagall, de Modigliani y hasta del Circo del Sol. Y tienen razón. Pero lo que más me interesa es que, al igual que algunos de ellos, no se limita a enseñarnos algo bonito sino que nos propone la entrada a una historia sólo para nosotros y distinta según para quien mira.  Él dice que quiere que sus dibujos sean eye candy pero que espera que sean más alimenticios que dulces. Vamos, esto lo digo yo, comida para el espíritu. Ñam.

Xiaoxi (Nancy) Zhang

febrero 8, 2011

En mis alumnos chinos, me sorprende que insistan en cambiar su nombre por uno occidental. No les he preguntado porqué, a pesar de que me produce curiosidad. Sospecho que lo hacen porque lo pronunciamos tan mal que tratan de ponérnoslo más fácil.

Xiaoxi (o Nancy) Zhang dice de sí misma que es diseñadora, ilustradora y dibujante de moda y que ama lo vintage, ver películas y escuchar música de los 60 y los 70. Sus dibujos me parecen adorables, coloridos y llenos de detalle. Recrea los outfits que dibuja (¿o es al revés?), pinta escenas inspiradas en imágenes clásicas, perfila perfectos figurines con apenas unos trazos, imagina heroínas de cuento, princesas de libro, muñequitas de comic y a todo le da un toque a veces naif, a veces sofisticado.

Su blog es una auténtica delicia.

(c) Xiaoxi (Nancy) Zhang. Tears in water

 

(c) Xiaoxi (Nancy) Zhang. Back to 1920. Septiembre 2010

Cosas mínimas

noviembre 8, 2010

Ando estos días dándole vueltas al color de las paredes: que si liso, que si combinado, que si decorado, que si cenefa… Total, para que el de la brocha -que es quien manda- me acabe diciendo invariablemente: eso es muy complicado, es que se te ocurren unas cosas… Así que me temo que mi creatividad se va a quedar en nada. Y esa inspiración -que es mucha y loca, a veces- la estoy sacando de un montón de blogs a los que me he suscrito -para pasar el rato, según veo- en los que todos los días enseñan ideas maravillosas.

Gracias a holamama me han entrado unas ganas tremendas de hacer manualidades -con lo patosa que soy-; Decopeques sugiere ambientes llenos de estilo y en Decoideas he conocido los vinilos decorativos -mira que hay- e ilustraciones. En la página de Poisson Bulle  (y en otros blogs que, casualidades, también la mencionan esta semana) me he enamorado sin remedio del trabajo de Blanca Gómez, Cosas Mínimas.

Sus escenas son sencillas sin resultar simples, sus personajes son adorables sin resultar ñoños y tienen un punto todos ellos de, no se me ocurre otra manera de definirlo, chic parisino… sea lo que sea eso. El color está dosificado pero llena el dibujo. El trazo limpio, el fondo neutro, nada sobra, nada más es necesario para cautivar. Porque no se me ocurre otra palabra para un trabajo que me ha hecho repasar, una a una, cada una de las imágenes de su galería en Flickr.

También hace fotografía y, aunque me gusta su mirada, como encuadra y las dominantes de color que tienen muchas de sus imágenes, me quedo con sus cuadros, sus chapas, sus tarjetas y, sí, con sus vinilos decorativos que nunca llevarán una de mis paredes. En fin.