Ya queda menos…

julio 28, 2011

Ganas me dan, y si no le hecho ya es porque me da vergüenza andar por los suelos, de emular a la señorita de la foto. A dos días de las vacaciones, las cosas se acumulan. Y en lugar de pensar en el 1 de agosto, que es lo que toca, ya voy pensando en el 1 de septiembre. No es justo.

Julia Fullerton-Batten (c) (no he sido capaz de encontrar el crédito, disculpas)

No lo he hecho de momento pero, cuando vuelva, lo veo venir, me tendré que meter bajo la mesa. Y no salir hasta, digamos, ¿finales de octubre? Más o menos. Para algunos, tomarnos las uvas en Nochevieja es una mera convención; nuestro final de año llega en septiembre, cuando comienza el siguiente curso.

Julia Fullerton-Batten(c) Family. Tercer premio en la categoría de Professional Photographer. IPA Awards. 2005.

Aunque lo cierto es que, pensando en ello o no, en los próximos días voy a seleccionar el modo vacacional-playero hasta nuevo aviso. Sol, mar, comida, lectura y buena compañía. Ese es el plan. Y en septiembre, ya veremos si asomo o no la cabeza.

Todo el trabajo de Julia Fullerton-Batten es asombroso. No sabría seleccionar qué parte de su obra me gusta más. Es como las fotografías de arriba: parecen sencillas en su concepción pero tienen algo que te obligan a mirarlas de nuevo. Y con cada mirada, descubres detalles nuevos que no dejan que te vayas.

El brillante colorido de sus imágenes, la combinación de luz natural y artificial y la sofisticada puesta en escena dejan ver sus inicios como fotógrafa de publicidad. Sus espacios son modernos, cuidados, pulidos y elegantes. Y sus modelos también, aunque ninguna de ellas es profesional. Tienen la mayoría una belleza irreal, que da un poco de miedo, como si no fueran del todo humanas. La sensación se acentúa en su serie School Play, en la que retrata grandes grupos de adolescentes clónicas de mirada perdida e indumentaria de comic.

Su tema central es la mujer, sobre todo en el paso de la adolescencia a la madurez. En su quietud, en su vuelo, o en su desproporción con el mundo que las rodea se nos cuenta la incomodidad en la que viven en ese momento de su vida. Según la fotógrafa, intenta reflejar el sentimiento de tristeza y soledad que ella sentía a los 16 años, una época de grandes cambios en lo personal que le afectaron enormemente. Sus fotografías son, en cierto modo, autorretratos de entonces que le sirven un poco como terapia; es un modo de exorcizar recuerdos y de reconocer situaciones que tienen más importancia en tu vida de lo que puedes o quieres reconocer.

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