Puente

mayo 14, 2011

 Acaban de inaugurar un puente en mi barrio que es el asombro de medio Madrid. Que no, que no exagero. Que medio Madrid es lo que hay los fines de semana cruzándolo y paseando por debajo.  Y peor que se va a poner cuando aprieten los calores y canten todas esas fuentes, con su agua fresquita, en las que te puedes mojar que han puesto en el parque de alrededor… ¿Y los toboganes? Sólo diré que alguno/a, que el mundo está lleno de inconscientes y/o seres que pasados los cuarenta conservan el espíritu infantil y juguetón, va a necesitar los servicios de la Cruz Roja, como poco. ¿Y el mobiliario infantil? Integradito en el entorno, todo madera, como mandan los diseñadores más modernos. Columpios, toboganes y pasarelas que son la alegría de pequeños y no tan pequeños, ¡que alguno de los que mencionaba líneas arriba los disfruta con mayor entusiasmo que su prole!

Ciclistas y patinadores más o menos esforzados, mamás con carrito -ya he hablado de la tasa de natalidad de la zona-, jubilados evaluando la obra, adolescentes con litrona y bolsa de pipas, piercing y ombligo al aire -ellas-, inmigrantes con radiocasette y nevera -para todo el día, oye-, niños con balón y hasta la policía a caballo, que toda autoridad es poca en semejante jungla.

Una fauna curiosa de la que, lo quieras o no, formas parte una vez que te decides a dar una vuelta por la zona por aquello de expansionarse y que nos de el aire y el solecillo…

Katherine Wolkoff (c) De su serie Lifestyle.

Este puente, sin duda más modesto, coqueto y encantandor, es parte del trabajo de Katherine Wolkoff, fotógrafa afincada en Nueva York que, sin embargo, capta las huellas que la naturaleza deja en el paisaje como nadie. Su trabajo tras el paso del huracán Katrina es impresionante y sorprende la calma que es capaz de captar en el caos y la devastación. Es bastante conocida por una serie de fotografías a la hierba aplastada que dejan los ciervos en el lugar donde pasan la noche. Estas “camas” transmiten una extraña sensación de ausencia y respeto, como de quien contempla la intimidad ajena.

Pero lo que me gusta sobre todo es su manera de captar esa luz cálida, como de finales de verano, que te inunda de placidez y te llena los ojos y el cuerpo de pereza.

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