Ruud van Empel
Abril 30, 2009
Cuando recibo los boletines de Kowasa me suelo detener en los libros sobre historia de la fotografía y autores clásicos pero, en ocasiones, me produce curiosidad la fotografía de portada de alguno de ellos e investigo un poco más. En este caso, he quedado fascinada por el trabajo de Ruud van Empel.
Ya he dicho en alguna ocasión que, dentro de la historia de la fotografía, tiendo a prestar especial atención a las imágenes de niños (supongo que desde que soy madre me llaman la atención poderosamente, qué se yo….). Hace unos días quedé impactada con las imágenes que ganaron el premio Pulitzer. El trabajo de Patrick Farrell para The Miami Herald muestra el desastre humanitario que produjo el huracán Ike en Haití y que se cebó en los más pequeños. Impresiona la calidad técnica pero más aún la humanidad del fotógrafo en la tragedia.
Los niños que fotografía Ruud van Empel son muy distintos. Producen una inquietante sensación de irrealidad cerca, en algunos casos, de las imágenes de Loretta Lux o de algunos retratos de Diane Arbus. Pero la saturación de los colores, la exhuberancia del decorado, lo minucioso de los detalles, lo naif del planteamiento o lo irreal de las situaciones es mucho más atractivo. Recuerdan también, en cierto modo, a algunas pinturas de Rousseau.

Ruud van Empel. Las imágenes corresponden a sus series World 2006 y Dawn
Después he leído que sus fotografías están compuestas de decenas de imágenes y que cada elemento es captado de manera independiente. Para el autor son fotografías que muestran belleza e inocencia. Con una sola imagen no lograría que todos los elementos que la integran resultasen perfectos así que busca la perfección de cada uno de ellos y su mezcla proporciona un collage en el que se muestra una situación perfectamente posible pero que da al espectador esa sensación de “hay-algo-aquí-que-no-me-cuadra”. Impresiona lo laborioso del proceso y la desbordante imaginación con la que da lugar a la escena.
Desde luego, es uno de los fotógrafos cuyo trabajo voy a seguir de cerca. ¡Quién sabe con cuántas maravillas más nos sorprenderá!

